viernes, 25 de junio de 2010

El amor maternal en la niñez

Extraido del libro-ensayo "Amor y Juego, Fundamentos olvidados de lo Humano, desde el Patriarcado a la Democracia", de Humberto Maturana Romerín y Gerda Verden-Zöller.

(...) "Un ser humano emerge como una persona adulta cuando en su conducta cotidiana surge espontánemaente como un ser autónomo y ético, capaz de colaborar desde el respeto de sí mismo y por los otros, pues no tiene miedo a desaparecer en la colaboración. O lo que es lo mismo, veo, tal vez con más claridad que nunca, lo fundamental que es para que se de el bienestar material y psíquico en una comunidad, que la conducta adulta surja en sus miembros no exigida, sino como algo espontáneo, como la forma natural de ser en ella. Y veo tambien que la convivencia en la aceptación de la cercanía e intimidad corporal en total confianza y ternura que ocurren en la relación amorosa materno-infantil y en el juego, constituyen el ámbito racional natural que genera en el curso de crecimiento de los niños su tranformación espontánea en personas autónomas, responsables y éticas, que no sienten miedo a desaparecer al colaborar con otros en la creación de un mundo válido y acogedor para todos los seres humanos, en particular, y todos los seres vivos, en general. (...)

La relación materno infantil en el disfrute de la cercanía corporal en la total confianza del juego, como un suceder amoroso espontáneo, contituye con su ocurrir relacional inconsciente el fundamento que configura el modo de convivir inconsciente que hace que surja espontáneamente la vida adulta como un vivir autónomo, socialmente responsable y ético, desde el respeto por sí mismo y por los otros en la capacidad de decidir si o no desde sí. Si el vivir adulto no surge como un vivir espontaneo inconsciente, aún cuando despues se pueda reflexionar de manera consciente sobre él, debe ser aprendido de manera intencional careciendo de la espontaneidad inconsciente y confiable de la sinceridad. El vivir relacional materno-infantil es la dinámica que genera de manera espontánea inconsciente el vivir adulto confiable, sincero y espontáneo que da solidez relacional y honestidad a la convivencia en una comunidad humana.

La tragedia de las adicciones, de la criminalidad y de la falta de sentido social, que surge con tanto dolor en nuestro vivir cultural actual, proviene, (...) de la ignorancia de que el fundamento de nuestro vivir racional está en la generación inconsceinte de toda conduta y por ello no nos ha permitido ver que las coherencias de nuestro pensar racional son las coherencias operacionales del lenguajear, las que son inconscientes, pues se fundan en las coherencias del operar inconscientes del vivir, ocutado por el hecho de que estamos inmersos en la cultura patriarcal matriarcal. Al mismo tiempo, nuestro énfasis en lo relacional consciente a generado cegueras sobre nuestras emociones, sentimientos y sentires, que han quedado relegados al ámbito desvalorizado de lo irracional por su presencia y emergencia sin justificación reflexiva. Esta negación de nuestro operar fundamental inconsciente nos ha llevado a enfatizar en la educación la adquisición explícita consciente de aspectos del vivir, como lo que llamamos valores sociales y conducta ética, cuando para que se vivan como un aspecto espontáneao de nuestra conducta cotidiana adulta deberían adquirirse de manera inconsciente como un simple resultado natural de convivir en ellos desde nuestra relación materno infantil. Esta reflexión no niega el carácter fundamental que tiene la relación consciente en la generacion del mundo ético que queremos vivir. (...) Si queremos en verdad salir de la tragedia que ha traido a nuestro convivir humano y cósmico en general ésta ceguera ante el papel formador inconsciente fundamental del ser humano adulto que tiene la relación amorosa materno infantil. Lo que tenemos que hacer es reconstruir de manera cosciente el espacio de convivencia que haceposible que surja y que se conserve de modo inconsciente ese modo de convivir en la relación materno infantil.

El que seamos seres biológicamente amorosos, como resultado de nuestra historia evolutiva biológica, es lo que constituye de hecho el fundamento operacional del bienestar de nuestro vivir y convivir en todos sus aspectos, conscientes e inconscientes, racionales y no racionales, en la emoción, en la creatividad operacional e intelectual. (...) El fundamento del tránsito del vivir infantil humano hacia un convivir relacional adulto que emerge sin diseño ni intención como un vivir en el bienestar propio de una conducta social que emerge sin esfuerzo responsable y ética desde la espontaneidad de vivir, y se funde de manera inconsciente en la relacion amorosa materno-infantil, en total la aceptación de la intimidad corporal y el juego con un adulto que lo acoge y respeta. (...)

El desarrollo de un niño, tanto a nivel biológico como social, necesita del contacto recurrente con la madre, pero una madre no logra encontrar a su hijo o hija en el contacto corporal de total aceptación si ella, com resultado de una actitud productiva, está orientada a las consecuencias de sus interacciones con el niño o niña y no hacia el o ella como un niño que existe en el presente del encuentro. Cuando esta dinámica intencional se establece en la relación materno -nfantil, la madre deja de ver al hijo o hija como un individuo particular, y restinge sus encuentros con el o ella como tal. En la medida en que esta restricción ocurre, un abrazo deja de ser un abrazo como una acción de plena aceptación del ser particular del niño o niña que se abraza y se transforma en una presión con una cierta dirección; asimismo, una mano que ayuda deja de ser una apoyo para la identidad individual, y se transforma en una guia externa que niega esa identidad. (...)

Así es como en nuestra cultura occidental criamos a nuestros hijos, trabajamos para alcanzar un fin, no descanzamos simplemente, descanzamos con el propósito de recargar energías, no comemos simplemente, ingerimos alimentos nutritivos, no jugamos implemente con nuestros hijos, los preparamos para el futuro. (...) El resultado es que, normalmente, mientras interactuamos con otros seres humanos, nuetra atención está puesta más alla de la interacción en las consecuencias esperadas, y no vemos al otro como un partícipe efectivo en el encuentro, no vemos las circunstancias en que éste ocurre, o no nos vemos a nosotros mismos en el otro. En resumen, estamos ciegos a nuestro presente. Si esta ceguera ocurre a una madre, ella no encuentra a su hijo en la interacción, y el niño o niña no se aprende a sí mismo como un Yo integral en el respeto y aceptación de sí mismo, como un ser social que respeta a los otros, no vive su propia presencia como una totalidad legítima, y no desarrolla una consciencia social. (...)

Es solamente en el periodo maduracional de su primera infancia, que el niño constituye espontáneamente a travez del juego libre con su madre y otros niños, la manera de vivir en el lenguaje que contituye la consciencia humana como una distinción de la consciencia del propio cuerpo en el contexto de la distinción de otras corporalidades similares. Es solamente si el niño alcanza autoconciencia al vivir su infancia en la riqueza de la experiencia senso-motriz de su vida temprana en la interacción corporal en total aceptación con su madre, que él puede separarse de ella con la corporalidad efectiva de un individuo socialmente seguro desde la aceptación y el respeto por sí mismo. Cuando esta autoconsciencia comienza aparecer, y el niño comienza a separarse de su madre, es capaz de orientarse a través de su consciencia corporal operacional en el dominio humano de relaciones espaciales y temporales. Aún más, a medida que el niño crece en autoconsciencia, él o ella tiene la posibilidad y es capaz de crecer como un adulto que no teme que su individualidad se vaya a perder o destruir a través de la integración social. En este punto dramático del desarrollo de la consciencia humana, el niño empieza a hacer preguntas acerca del comienzo y el final de la vida: comienza a hacer preguntas filosóficas. (...)

A medida que el niño crea este ámbito imaginario de identidades separables y permanentes en su espacio de correlaciones senso-motrices, el niño crea lo que vemos como su mente interior, como su dominio se relaciones con aquellas entidades imaginadas permanmentes y separables. (...)

Las formas de vida que en su origen crearon al ser humano son también las estructuras básicas se las experiencias primarias requeridas por un niño. Las actividades senso-motrices de un niño son formas arcaicas de consciencia corporal operacional, y al sugir como tales parece como si trataran de abrirse paso a través de su juego libre. Cuando, como es el caso hoy día, en un mundo donde no se cumplen las dinámicas senso-motrices que conducen al desarrollo normal de la consciencia humana en el niño, porque no es anímicamente posible la intimidad corporal de la relación materno-infantil, ni se permite el espacio libre en que estas puedan ocurrir, faltan esas dinamicas corporales y por lo tanto, no surge en el niño una adecuada consciencia del mundo humano. Pero no es solamente el niño quien es afectado por este alejamiento de la biología humana fundamental, sino que también está afectado el adulto, como es evidente, en la expansión de comprensión y consciencia que las madres tienen cuando recuperan el espacio de juego con sus hijos. (...)

Hoy día debemos considerar seriamente la tarea de compensar la pérdida de las experiencias corporales que sufren los niños que crecen en las ciudades. (...) La familia ha llegado a ser un centro de manipulación política e ideológica, y puede que en breve esta última area protegida donde es posible la relación de juego materno-infantil sea despiadadamente distorcionada y destruida. La primera infancia debe ser defendida hoy no a través de la intromisión de expertos en apariencias y manipulaciones, sino que a través de la prudente creación de las condiciones que hacen posible el desarrollo normal de la consciencia humana en el ámbito de las relaciones de juego materno-infantil mediante experiencias similares a aquellas reveladas en este estudio. El proceso básico natural del juego madre-niño no tiene sustitutos. Lo que las madres que permanecen con sus hijos en aceptación y confianza mutuas en la intimidad corporal del juego en su primera infancia realizan con respecto al desarrollo de la consciencia social de sus hijos e hijas, es un tesoro que debe ser preservado.

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